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Nota diario Clarín del 13 de febrero de 2012

16 febrero 2012
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Esos rincones porteños donde el tiempo conjuga pasiones y tesoros

Una recorrida entre estampillas y postales, caras botellas de whisky, banderines y hasta cámaras de fotos. Bares de colección y de coleccionistas.

Futbolero. El Banderín, en Almagro, exhibe más de 600 banderines de clubes de fútbol de todo el mundo, que tapizan las paredes hasta el techo.

Le interesa?”, pregunta un hombre, mientras extiende el brazo sobre la mesa para ofrecer una postal de 1928 del primer vuelo del Servicio Aeropostal, Buenos Aires-París, con la imagen de un cartero alado en azul y fondo naranja. Cada domingo, el casi centenario El Coleccionista, se vuelve un pequeño campo de batalla, con códigos y estrategias, donde unos 250 filatelistas compran, venden o intercambian estampillas y postales. Los primeros llegan a las 4, antes de las 7 cierran las mejores transacciones y hacia las 13 se termina el botín.

“El coleccionista es posesivo y acá desata sus pasiones típicas: el deseo de conocer y compartir, pero también su ansiedad; a veces hay grandes discusiones”, dice Néstor Sbarbi Osuna, filatelista habitué desde 1958. De golpe, se acerca a una mesa y la reclama; la norma implícita dicta que los más antiguos tengan su lugar reservado.

Cerca, una pila de álbumes de cuero espera el ojo experto que evalúa cada sello, por ejemplo, por su escasez, filigrana y método de impresión, y que los elige siguiendo algún criterio, como un tema, o por gusto. “Es una inversión; el sello no pierden valor y es negociables en todo el mundo”, explica Néstor, “pero a veces es como parir hijos y venderlos”. Además, con cada uno aprende un pedacito de Historia, por eso lo llama, riendo, “un hobby-ciencia”.

También en una esquina, pero en otro bar, una barra estilo inglés con botellas color caramelo invita al placer sofisticado. Esa barra es reina en el mundo. Ni en Escocia, donde están las mejores destilerías, existe una colección de whiskies tan extensa como la de Miguel Angel Reigosa, con más de 2.700 botellas , entre single malts , pure malts y blends.

En el Café de los Incas, hay 240 de ellas, entre whiskies y otras bebidas.

“Tomar poco y bueno” es la consigna y los optics, que mantienen las botellas invertidas en alto, sirven la medida justa. Su precio va desde 30 pesos, para un estándar de 3 a 7 años de añejamiento, a 400, para un Macallan de 25 . Sobre una pared, dentro de pequeños lockers iluminados, las botellas personales de los socios del Club del Whisky –que también funciona allí–, brillan como el sol. Bajo llave, solo se abren para ellos, que lo piden con hielo o con William Wallace, un agua elaborada especialmente para el lugar.

“Lo importante es conseguir lo que no hay, ediciones limitadas. Conocemos antes que nadie lo que recién sale de las destilerías”, dice Miguel Ángel. Es el caso, por ejemplo, de un Royal Salute de 50 años, conmemoración de la asunción de la Reina Isabel II.

Cuesta 33.000 dólares y es uno de los dos, de 225, que llegaron a Sudamérica. También el de otra, con la forma de Juan Pablo II. A la hora de beber, las jerarquías parecen romperse. ¿El mejor whisky del mundo? “El que más te gusta”, responde Miguel Ángel con énfasis.

“Se prohíbe escupir en el suelo” reza un cartel de 1902 en un tercer bar. Junto a la Hesperidina y al vermut servido con soda de sifón, impone un aire de época. Un isósceles de tela palidecida del Primer Campeonato de Fútbol Infantil “Evita”, de 1949, cuelga en una esquina. Da miedo tocarlo: es el más viejo de los casi 600 banderines de fútbol que suben hasta el techo en El Banderín, en una mezcla anárquica de colores –los más nuevos, sintéticos y brillantes– de clubes y divisiones del mundo.

En el centro, sobre la barra, está el de River –enmarcado–, club del que Mario Riesco (76), el dueño, es fanático y socio vitalicio desde 1944. “Pero mi preferido es uno de El Tábano, porque me lo regaló Goyeneche y tiene el bichito bordado con hilos de oro”, dice. Mario colgó los primeros en los 60, cuando tomó las riendas y rebautizó el cafetín que desde 1923 fuera de su padre. Ahora, los recibe de turistas que no encuentran su club local y se los envían por correo.

En otra ochava, el Bar Palacio atesora 2.000 cámaras de fotos con sus accesorios y fotografías antiguas. Su dueño, Alejandro Simik (52), las acopia desde 2001, en esa mezcla de museo con vitrinas y de bar por el aroma tostado del café que sirve.

Todo funciona , incluso una cámara alemana de estudio de 1870, mueblecito de madera con obturador, fuelle y lente de bronce; una para espías de los ‘30, de 6 centímetros. y un flash a chispa de magnesio, especie de cucharín metálico, de los ‘20.

“¿Para qué sirve una colección que no se comparte?”, pregunta Alejandro, para quien el bar es un aporte cultural. Sus claves, “constancia y mostrarse calmo para que no te suban el precio”, podrían formar un decálogo del perfecto coleccionista. Miguel Ángel resume el alma de toda colección: no tienen un precio, sino el valor que le da la pasión del coleccionista.

Fuente: Diario Clarín 13/02/2012

 

Videos del interior del bar

23 septiembre 2010
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Gracias Marcelo !!!

The Argentina Independent 54 Bars: Café El Banderin

29 agosto 2010
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El Banderin has a low key environment perfect for drinking a coffee and watching your favorite football team on the corner of Guardia Vieja and Billinghurst. (Photo/Brian Funk)

Situated on a quiet corner in Almagro, Café El Banderin evokes an earlier era in Buenos Aires, when the city’s culture was largely defined by the hoards of Italian and Spanish immigrants that flooded la capital during the last century. The cafe’s high ceilings, dim lighting, yellowing and cracked plaster walls, and a dozen or so wooden tables nicked and scratched by decades of customers give it a decidedly old world feel, justifying its place on the list of 54 historic bars in the city.

The largely porteño clientele adds to this vibe as well, making it hard to believe that El Banderin exists in the same city as the swanky boliches and trendy gringo bars that dominate nearby Palermo. The reining style for men is dark, wooly sweaters, worn-in suit jackets, and scraggly beards, while the women sport the obligatory back-length chestnut hair and jangly collections of silver bracelets.

Café El Banderin originally opened in 1923 as El Asturiano, a corner store selling staples such as sugar, coffee, and tea to the Italian and Spanish immigrants who had come to work in nearby Abasto.

When Mario Riesco took over from his Spanish father in 1958, he decided to convert it into a café for football aficionados. He began to decorate the walls with the flags of different clubs from around the country and the world, and the storefront soon became Café El Banderin, which means “the pennant” in Spanish. Riesco has been running it ever since, and still shows up every night to greet the patrons and work the bar.

MarioBar Owner Mario Riesco poses in front of numerous football pennants from which the bar gets its name. (Photo/Brian Funk)

“[Customers come] for the service,” Riesco said, wearing a ribbed mustard sweater and gray wool pants, with a gigantic wooden cross dangling from his neck. “It’s a place where you can meet your friends. Here, the clients feel like they’re in their home. Here, the client is a friend.”

On an otherwise quiet Wednesday evening, every table in the café is full, occupied by porteños who chat through the night over drinks and picadas. A trio of portly, mustached men laugh over glasses of whiskey and plates of salami, cheese, and bread. A young couple drinks beer and munches on potato chips at the next table over. Four 30-something men in suits share a bottle of wine or two. Riesco himself emerges from behind the bar to talk with the customers, make sure everyone’s drinks are topped off, and take out the trash.

The café has had its share of notable clientele as well, including Carlos Gardel, Juan Carlos Godoy, and Daniel Passarella (footballer from Riesco’s favourite team, River).

But El Banderin has not been kept completely secret from the city’s expats. During the World Cup, groups of Europeans and North Americans showed up to watch matches on the café’s conspicuous flat screen TV. Riesco attributed the increase in foreigners this year to the Internet, which he said allowed people to discover his bar and organize groups to watch their home countries’ games.

But now that the World Cup is over, those looking for a genuinely porteño vibe will not be disappointed. Come during the day for coffee and facturas, and at night for the extensive but cheap whiskey menu and an assortment of sandwiches and picadas.

Boca ClassicEl Banderin is a notable bar for all football fans and is decorated with classic football memorabilia which includes an original pennant from the Boca Juniors (right). (Photo/Brian Funk)

Just make sure to bring your conversation starters – El Banderin seems perfectly designed to encourage the kind of café philosophizing that leads two otherwise rational people to get into a contentious debate about Foucault after a bottle of wine on an empty stomach.

And if the discussion ever does die, you can pass the time admiring the hundreds of club football pennants that adorn the walls. Try and spot the cafe’s oldest, the flag from the 1950 Camion de Futbol Infantil Evita.

North Americans should not bother searching for their home team’s pennant, however. Riesco said that while he would like to hang them, they take up “five times” as much room as the other flags and he just does not have the space.

Café El Banderin is located at Guardia Vieja 3601, esq. Billinghurst. Winter hours are Monday-Wednesday, 9am-10pm and Thursday-Friday 9am-midnight. Open til 1/2am every night in the summer.

Fuente: 54 Bars: Café El Banderin

The Argentina Independent

Info Almagro – MARIO RIESCO

27 agosto 2010
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Mario Riesco, socio vitalicio de River, es el propietario del bar “El Banderín” en la esquina de Guardia Vieja y Billinghust y cuenta que su padre, Justo Riesco, lo abrió en 1929 como un típico almacen y bar.
“Empecé a comprar banderines de River y de a poco comencé a coleccionar de todo el mundo. Me los trae un amigo que viaja mucho. Ahora tengo cerca de 500, de los lugares más lejanos: de Israel, de Austria, de Inglaterra, y también de Boca y River escritos en ruso”,
“El hermano de mi viejo tenía un almacén en la calle Anchorena,enfrente de la casa de Gardel. A la mañana, Carlitos se tomaba una grapa ‘Chisotti’ y la mamá iba a comprar con libreta y pagaba por mes. En este bar mi papá, como buen asturiano que era, conversaba con Luis Angel Firpo, también venía Eduardo Falú, Marzolini, Potente, Rojitas”.
“Tengo un recuerdo para don Osvaldo Pugliese, fue el único comunista que conocí, porque repartía lo que ganaba con todos los integrantes de su orquesta”.
“Jugábamos a la pelota en el empedrado de GuardiaVieja, hacíamos las fogatas de San Pedro y San Pablo, íbamos todos los domingos a la iglesia y al fin de la misa nos daban chocolate con churros. Por esta calle pasaban los carros que buscaban hielo en el mercado del Abasto y los vecinos antes de ir a trabajar venían a tomar la cañita Chisoti o Valle Viejo El vigilante parado en la esquina nos cuidaba, lo llamábamos para que se tome una copita en tiempos de frío, ahora ya no se puede, antes el vigilante era un amigo…”
Riesco dice. “ya no es lo mismo, ahora te venden un sandwich y una Coca en los quioscos, yo el sandwich te lo hago con jamón crudo italiano y te lo preparo como me gusta comerlo a mí ”
Pese a todos los cambios, sigue aferrado a su lugar. Su hijo Silvio estudia, pero igual lo ayuda en el bar; ya pasaron tres generaciones.

Fuente Info-Almagro

Soles y banderas

12 agosto 2010
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Soles y banderas
foto: julianrod