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Clarín 19/06/12 – Y las ganas de comer…

26 julio 2012
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Pedí pebete de crudo y queso.

Por Hernán Firpo catador de albóndigas y ensalada rusa.

Pebete, vení. Si no lo conocés, lo tenés que descubrir. El Banderín está ahí, en una esquina de Almagro.

Pebete, vení. Si no lo conocés, lo tenés que descubrir. El Banderín está ahí, en una esquina de Almagro.

Es de esos lugares a los que uno va y puede preguntarse dónde se sentaba Julián Centeya. Pero vamos a dejar el pintoresquismo a un lado porque El Banderín no es sólo eso, así que rápidamente buenas tardes, permiso, gracias, paso a la mesa pegada al mostrador, siempre de espaldas a la tele –innecesaria, rompeclimas-. A los lugares con encanto se llega con fascinación o humildad. Y esto que sigue es un encargo: hay que ser mansos e ignorantes delante de una obra maestra y también dentro de algunos de estos bares centenarios. Y si querés preguntar como Lanata, empezá averiguando qué se recomienda. Nadie vive de los banderincitos colgados de la pared, y Luis, que está de acá para allá, sólo te va a decir que se especializan en fiambres.

Ahí tienen picadas y el mejor sánguche de jamón y queso que hayas probado en tu porcina vida de jamones metálicos y salados como el Mar Muerto.

Esperá, no seas ansioso. No pidas “especial” de jamón y queso porque en El Banderín, y sólo en El Banderín, el pebete es más rico. Tres años y medio testeándolo me vuelven una autoridad (i)relevante en la materia.

Claro que hay francés, pero haceme caso, si está Luis, el tachero y encargado del bar, pedí pebete de crudo y queso. Pappo no podía evitar que fueran hacia él los sanguches de miga; yo no puedo sortear el pebete de crudo, queso y manteca (manteca, por favorrrr, mayonesa es una grasada).

Luis y el tiempo te van a explicar que ahí usan el pebete del medio, no el de la punta. Y, para más datos, una mañana seguís el rastro del pebete que emociona. Lo espías a Luisito y sabés que lo compra en la confitería Boulevard Corrientes. El fiambre es importante, pero nótese que aún estamos con el pan, un pebete que el diente no quiebra sino que empuja haciendo que la miga y el crudo tengan casi el mismo grosor. ¡Grosso! Pispea si podés: le sacan un poco de miga, medio centímetro, y cortan el crudo made in Brazil en fetas ultra finas. “Si no lo cortás finito, pierde el sabor”.

¿Qué más? “El queso siempre va abajo y la manteca debe hacer contacto con el crudo. Si no, perdiste”.

Dato: hfirpo@clarin.com

Fuente: Diario Clarín 19/06/2012

 

Di Stéfano era Gardel con botines – Diario AS España

9 agosto 2011
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En el barrio de Almagro, “gloria de los guapos, lugar de idilios y poesía” confluyen dos arterias empedradas, Guardia Vieja y Billinghurst. Esquina custodiada por un viejo boliche. El Asturiano, abierto el 15 de noviembre de 1923 por Justo Riesco, natural de Cangas de Narcea, se convirtió en El Banderín en 1929.

Al entrar un bandoneón desgrana un tango. Nos recibe Silvio, nieto del fundador. “Los banderines los traen amigos, clientes que les gusta y nos envían por correo…”. Aparece don Mario, “el Millonario. No es por la plata, es que soy fana de River desde pibe. 65 años de socio”. Mario trabaja de noche “porque me gusta hablar con los pibes. Por la mañana vienen los fijos, por la tarde los taxistas y por la noche los pibes”.

La especialidad de la casa son las picaditas (tapas porteñas). “La picada común acá es el cantimpalo, la longaniza, queso con aceituna, chambota, morrones… Mercadería de primera. Y el fiambre cortado en la ladera (en la barra), que cambia el gusto. Un plato típico de boliche. Quien viene repite”, apunta orgulloso Mario, que nació entre estas paredes hace 75 años. ¿Y de beber? “Cinzano con Ferné, pero servido como se debe”.

La ‘Máquina’. Suena Aníbal Troilo y Mario hace memoria. “Yo iba a la cancha de River con su ahijado. Hay un cuadro de La Máquina que los presos de Devoto regalaron a Pichuco y su ahijado me lo dio para colgarlo acá”. Mario andaba kilómetros para ir a los entrenamientos. “Al final Carrizo ponía tres pelotas encima del larguero, que antes eran cuadrados, se iba al borde del área y disparaba hasta tirarlas. Las que se le iban fuera, se las alcanzaba yo. Ahora los pibes llegan a la línea y ¡no saben ni centrar!”. Habla con la nostalgia de quien vivió años mejores. “Vi jugar a La Máquina”. Ralentiza la cadencia de su habla, sus ojos vidriosos miran al techo antes de recitar la eterna letanía: “Muñoz… Moreno… Pedernera… Labruna.. Loustau. Nunca hubo nada igual en un campo de fútbol. ¿Sabe que se silbaban para echarse la pelota? Nadie les quitaba la bola, como al Barcelona ahora. Le llamaban Los Caballeros de la Angustia porque no cerraban hasta el final los partidos. Y luego, a ver a Troilo. Bellos tiempos”. La Máquina, bautizada por el legendario cronista de El Gráfico Borocotó en 1942, sólo jugó 17 partidos junta. “Eran años felices para River. Salían del vestuario y acariciaban la cabeza a los pibes -comenta mientras pasea la mano por su lustrosa calva-. Eso compensaba todo. Ahora ni miran a los pibes. ¡Qué pelotudos!”. Mario da un trago corto a su café antes de seguir el paseo por la historia de River. “¿Y qué me dicen de Alfredo? Di Stéfano era Gardel con botines. ¡Mamita!”, exclama preso del entusiasmo. “Me reuní con don Santiago Bernabéu cuando vino a Buenos Aires a ver cómo funcionaba River. Nos llamaban la Casa Blanca y Bernabéu lo exportó al Madrid. Un señor, les digo”.

Hora de dejar los años dorados y adentrarnos en la cruda realidad. “Pasarella nos sacará de ahí. Él se plantó ante Grondona y lo pagamos, pero a esto nos llevó Aguilar, a quien ahora don Julio manda a representarle por el mundo. ¿Cómo se puede ser tan boludo? O estás con ellos o…”, resigna. Habla con devoción de Pasarella, admiración que hizo pública un programa de televisión que llevó al Capitán a El Banderín. Mario sacó aquel día “un vermut que guardé 50 años para una ocasión excepcional. Y vaya si lo fue”.

Le escuece menos la albiceleste. “Son tantos años. Como cantaba Gardel, ‘lo mismo un burro que un gran profesor’. Sin dirección y jugadores que no dan un pase al pie. Si los pilla Pipo Rossi, que pedía una escalera cuando le daban un pase alto… ¡Y discutimos a Messi! Somos tan argentiiiinos…”, tensa amargamente el gentilicio.

No es optimista respecto al fútbol argentino: “Lo peor es que Humbertito (hijo de Grondona) quiere suceder al viejo. ¡Y es tan mala noticia!”. Algo que contrasta con el vitalismo que envuelve su lenguaje corporal. Una gata negra, y celosa, se sube a sus piernas cuando la conversación toca a su fín. Es Pedernera. Don Mario, dicharachero, nos tira el guante. “¿Y fueron a ver tango? Pasen por acá el sábado y al cerrar los llevo a un templo porteño. ¿Las argentinas les habrán tratado bien? Ustedes acá siempre son bienvenidos”, sonríe cómplice. Un apretón de manos en la puerta del boliche sella la visita. El Banderín, Guardia Viaje y Billinghurst. Buenos Aires. Pasen. Allí la vida se toma un respiro.

F. De La Calle | 23/07/2011

Fuente Diario AS

BAFICI & El Banderín

7 abril 2011
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A todos nuestros amigos, clientes y benefactores los invitamos a ver en el festival BAFICI la pelicula “HOY COMO AYER” el director holandés Bernie IJdis, documentando un dia en la vida del Gran Juan Carlos Godoy, a quien podemos ver interpretando unos tanguitos en “el Banderín”

Los dias y horarios de exibicion:

Sab 9/4/2011 15:45hs Cine Hoyts 11 (Abasto)

Jue 14/4/2011 17:15hs Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo (V. Urquiza)

Dom 17/4/2011 14:00hs Cine Hoyts 10 (Abasto)

IFFR2011

Silvio

Fotos desde Chile

2 febrero 2011
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De paso por Buenos Aires el amigo Ricardo visitó el bar y tomo unas fotos que quiere compartir. Muchas gracias.

Revista El Abasto octubre 2002, El Banderín

11 agosto 2010
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Don Justo tomando mate

El calendario de la esquina superior izquierda muestra el año de la fecha: 1954. Vemos a Justo Riesco, mateando, detrás de la barra, entonces de estaño.

El Banderín es un bar muy original, se siente su peso histórico y el tema de que las paredes estén forradas de banderines deja admirado a más de uno. Mario Riesco, el dueño cuenta que comenzó a coleccionar banderines y colgarlos en el bar, cuando tenía unos quince años “con mi compadre traíamos de la cancha luego la gente que viene me trae. Hay turistas que se entusiasman y luego me mandan de su país para que no falte su equipo”.
Sus hijos, Silvio y Mario César, componen la tercera generación. “Mi papá, Justo Riesco, empezó en el año ´26 acá. Antes tenía un bar/almacén con su hermano, enfrente de la casa de Gardel. Ahí Gardel era cliente, de mañana se tomaba una grapita y después lo venían a buscar con un coche. En el ´26 se separó de mi tío y vino para acá, Guardia Vieja y Billinghurst. Gardel vino incluso a visitarlo acá unas cuantas veces.”
Me cuenta que una vez se topó con Miguel Ángel Firpo y descubrieron que ambos tenían padres asturianos y entablaron una relación. Otras figuras que han pasado o pasan por el bar son Tato Bores, quien filmó un show in situ. Vinieron y/o vienen Adolfo Pedernera, Badía, Quique Pesoa, Amalita Baltar, Ernesto Baffa quien estaba presente en el momento de la nota. Pugliese venía y Rufino era amigo del padre. Marini un cantor de boleros del barrio venía al bar, también Torini y Clemente Rojas.
Indudablemente la mayoría de los clientes son del barrio, nos cuenta Mario, “antes eran más los que venían, todos paraban en los boliches, de mañana antes de trabajar, una copita, al mediodía, antes del almuerzo, un “vermucito”, de tarde unos partidos al truco o al cabrero, jugaban por los vermouth se iban a cenar y después se salía de nuevo, al bar o a la vereda.”
Respecto a la época del Mercado comenta sobre la confianza: “muchos puesteros del Abasto, enrollaban el dinero en papel de diario y te lo daban para que lo guardaras detrás del mostrador. A veces se iban y venían a buscarla al otro día. La palabra valía…”

R.S.

Revista El Abasto, n° 39, octubre 2002.