Monthly Archives: August 2010

21 juli in Buenos Aires

11 August 2010

Dit café heeft nog een andere troef. De eigenaar is een fervente verzamelaar van voetbalvlaggetjes. Meer dan 500 vlaggetjes sieren de muren. Zelfs toeristen die op de hoogte zijn van de manie van Mario brengen vanuit alle hoeken van de wereld vlaggetjes mee van hun ploeg. Vrienden van River die met de ploeg de wereld afreizen, hebben ook steevast een vlag mee voor El Banderin (de vlaggenwinkel).

21 juli in Buenos Aires

Deporte es historia: El Banderín de las añoranzas

11 August 2010

Hay que trasladarse a Billinghurst y Guardia Vieja para encontrar el remanso más futbolero de Buenos Aires. Las paredes de El Banderín, un bar donde la pelota es la inspiración de las charlas, son un viaje a lo más profundo de nuestro fútbol y de nuestra historia.

Ubicado en una esquina del Almagro más bohemio, El Banderín parece extraído de otro tiempo, de otra realidad. Es una tregua dentro del vértigo que impone la ciudad; una bonita melodía de violines y bandoneones que irrumpe el ruido de nuestro días. Es, en definitiva, una pequeñaresistencia.

En sus 80 años de vida hospedó a poetas consagrados y anónimos, a hinchas felices y tristes, a virtuosos atacantes y a toscos defensores. Ellos, y sus vidas simples, le dieron al Café –así, con mayúscula– una impronta única. En su aroma, en sus baldosas antiguas, en sus mesas gastadas, El Banderín regala resabios del fútbol de épocas pasadas.

Por allí han pasado próceres del deporte, como Firpo, Pedernera, Pascual Pérez, Marzolini, Potente, Rojitas o Márcico; y próceres del pueblo, como Gardel, Troilo o Tato Bores. Para cada uno de ellos hay una mención, una foto que invita a su recuerdo.

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Frente al mostrador cuelga una obra única: un cuadro con el equipo del River de 1936 confeccionado con recortes de El Gráfico, que cuenta con un detalle precioso: las camisetas de cada jugador están bordadas con hilo de seda por presos de la cárcel de Villa Devoto. Ellos se lo regalaron a Aníbal Troilo para agradecerle la música que les ofrendaba entre los barrotes. Y Pichuco, en 1942, lo llevó a esa esquina.

Sentado contra la ventana, en una tarde de lluvia inminente, Don Mario Riesco, el dueño del bar, evoca sus días de niño: “Jugábamos a la pelota sobre el empedrado de Guardia Vieja. Los vecinos, antes de irse para el trabajo, tomaban cañita Chisoti o Valle Viejo. Era una vida más sana”, relata. Mario está a cargo del boliche desde 1958. Sucedió, como es habitual en estos casos, a su padre, Pedro Justo, un inmigrante de Asturias que comenzó con el rito en 1923.

Las paredes del Café están cubiertas por más de 400 banderines de clubes argentinos, latinoamericanos, europeos y asiáticos. Hay de todos, hasta de los más insólitos: Unión Huaral de Perú, el Atlético Basañez uruguayo, Comunicaciones guatemalteco y Ciudad Madero de México son apenas algunos. “Los de Paraguay no se pueden agarrar porque se deshacen. Están ahí hace más de cincuenta años”, avisa el hijo de Mario. De Argentina, además de los equipos más conocidos, también están los retazos de tela de Altos Hornos Zapla, Alvear Club, Chaco For Ever, Estudiantes de Río Cuarto y Club Social y Deportivo El Tábano. Don Mario está orgulloso de su museo. Por eso cuida cada objeto con minuciosidad.

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Los habitúes de El Banderín se corresponden con el espíritu del lugar. Taxistas, corredores de indumentaria y mecánicos de la zona se juntan a la tardecita para debatir sobre el partido del fin de semana o para añorar algún tango viejo. Para ellos, esa ochava resulta un espacio de pertenencia y de igualdad: en las mesas de café, sólo adornadas por pocillos y azucareras, no hay distinciones de ningún tipo. Todas las voces tienen la misma importancia. Una característica, como todas la de este bar, que parece extraída de otro tiempo.

Por Agustín Colombo
Fotos:Leandro Villamea

Deporte es historia: El Banderín de las añoranzas

FC CONCORDIA BASEL 1907

11 August 2010

El Banderin TOTTENHAM HOTSPUR , FC CONCORDIA BASEL 1907

Das “El Banderín” ist ein Café-Bar im Stadtteil Almagro von Buenos Aires. Es befindet sich an der Kreuzung der Strassen La Guardia Vieja und Billinghurst. Das eingeschossige Eckgebäude mit seiner hellgrau getünchten Fassade im neuklassizistischen Stil ist ein Überrest aus einer lange vergangenen Epoche. Ebenso wie die anderen Häuser an der Kreuzung, die alle aus der gleichen Epoche stammen. In diesem Stadtteil von Buenos Aires gibt es noch viele Strassen, die nachts, wenn keine Busse und andere Fahrzeuge den Blick verstellen, im Licht der Strassenbeleuchtung und unter dem Filter des Laubwerks der alten Bäume als Filmkulisse für Paris zu Zeiten Victor Hugos oder Berlins zu Zeiten Theodor Fontanes dienen könnten.

Amerikaner und Briten würden das “El Banderín” wahrscheinlich als Sportsbar bezeichnen – wegen der Wände, die mit Wimpeln von Sportvereinen aus aller Herren Länder tapeziert sind. Insgesamt sollen es ungefähr 380 Wimpel sein, wie Mario Riesco, der Besitzer der Bar, stolz verkündet. Die Familie Riesco führt das Lokal in der dritten Generation. Eröffnet wurde es von Marios Vater im Jahre 1929. Mario selbst steht noch jeden Abend hinter dem Tresen, während sein Sohn Silvio die Tagschicht übernimmt.

Auf Schweizer Spuren in Buenos Aires

Entrevista La Nacion a Mario Riesco

11 August 2010

Sábado 18 de julio de 200

Diario La Nacion julio de 2009: Mario Riesco, el dueño del histórico bar de los banderines

11 August 2010

“¡Mirá quién vino! El último cantor de tango, Juan Carlos Godoy”, se oye cuando un hombre de 87 años irrumpe en El Banderín. La escena confirma el mito que circula en Almagro: el local de Guardia Vieja y Billinghurst ganó su sello de “notable” gracias a la calidez de su gente, empezando por su dueño, Mario Riesco.

Don Mario, fanático de River y socio vitalicio del club desde 1944, pasa sus tardes compartiendo charlas con los clientes que llegan al bar en busca de su café en jarrito o de la tradicional picada de fiambres ibéricos.

“La gente me saluda con un abrazo, yo los recibo como en mi casa”, afirma este hombre de 73 años, y asegura que la fórmula de la supervivencia en el tiempo es estar abierto a la juventud, que elige este bar para pasar sus madrugadas y se suma la clientela tradicional.

El hermoso fileteado en el cartel de entrada indica que el cafetín tiene más de 70 años y al ingresar parece que el tiempo no hubiera pasado. Los elementos y las costumbres se mantienen intactas, y el sonido del tango traslada a la atmósfera porteña de los años 30.

Don Mario recuerda haber caminado entre las mesas de este café desde que tiene memoria. En su infancia ayudaba su padre, cuando todavía el local funcionaba como bar-almacén bajo el nombre de “El Asturiano Provisiones y Fiambrería”.

En aquellos años, el lugar era un desfile de tangueros, entre entre ellos, Aníbal Trolio y Carlos Gardel. “La mamá de Carlitos compraba «por libreta» en el almacén y él vino a tomar café varias veces”, cuenta.

A fines de los 50, Don Mario pasó al frente del negocio, momento en que la invasión de los supermercados lo obligó a cerrar la parte del almacén y a funcionar exclusivamente como bar.

Fue por esa época cuando comenzó a colgar su colección de más de 500 banderines en las paredes y rebautizó el bar con el nombre con el que es reconocido hoy en día.

Don Mario cuenta que comenzó por el club de sus amores. Pero con el paso del tiempo, abrió su colección al resto de los equipos locales y gracias a un amigo que solía viajar al exterior, y engrosó su acopio con ejemplares de todo el mundo. “Muchos extranjeros que visitan el bar, al volver a sus países me mandan uno por correo”, comenta.

A pesar de estas modificaciones, la esencia y la atención del bar no cambiaron y los vecinos continuaron colmando las mesas de El Banderín. Personalidades como Luis Angel Firpo, Pascual Pérez, Juan Manuel Fangio y Adolfo Pedernera se fueron sumando a la clientela del bar. “También venía Tato Bores, pedía siempre un cortadito”, recuerda Don Mario, y señala una fotografía que el capocómico le regaló luego de varias rondas de café.

“Hay uno que todavía espero. Tengo guardadas dos botellas de Cinzano por si llega a venir Pasarella”, confiesa Don Mario, con la misma esperanza de que sobreviva la tradición que hace de El Banderín un lugar especial. “Mi hijo ya trabaja conmigo y me encantaría que algún día mi nieto pueda heredar este lugar, que a mi me dio tanta felicidad”, concluye.

Por Maia Jastreblansky
De la Redacción de lanacion.com

Revista El Abasto octubre 2002, El Banderín

11 August 2010

Don Justo tomando mate

El calendario de la esquina superior izquierda muestra el año de la fecha: 1954. Vemos a Justo Riesco, mateando, detrás de la barra, entonces de estaño.

El Banderín es un bar muy original, se siente su peso histórico y el tema de que las paredes estén forradas de banderines deja admirado a más de uno. Mario Riesco, el dueño cuenta que comenzó a coleccionar banderines y colgarlos en el bar, cuando tenía unos quince años “con mi compadre traíamos de la cancha luego la gente que viene me trae. Hay turistas que se entusiasman y luego me mandan de su país para que no falte su equipo”.
Sus hijos, Silvio y Mario César, componen la tercera generación. “Mi papá, Justo Riesco, empezó en el año ´26 acá. Antes tenía un bar/almacén con su hermano, enfrente de la casa de Gardel. Ahí Gardel era cliente, de mañana se tomaba una grapita y después lo venían a buscar con un coche. En el ´26 se separó de mi tío y vino para acá, Guardia Vieja y Billinghurst. Gardel vino incluso a visitarlo acá unas cuantas veces.”
Me cuenta que una vez se topó con Miguel Ángel Firpo y descubrieron que ambos tenían padres asturianos y entablaron una relación. Otras figuras que han pasado o pasan por el bar son Tato Bores, quien filmó un show in situ. Vinieron y/o vienen Adolfo Pedernera, Badía, Quique Pesoa, Amalita Baltar, Ernesto Baffa quien estaba presente en el momento de la nota. Pugliese venía y Rufino era amigo del padre. Marini un cantor de boleros del barrio venía al bar, también Torini y Clemente Rojas.
Indudablemente la mayoría de los clientes son del barrio, nos cuenta Mario, “antes eran más los que venían, todos paraban en los boliches, de mañana antes de trabajar, una copita, al mediodía, antes del almuerzo, un “vermucito”, de tarde unos partidos al truco o al cabrero, jugaban por los vermouth se iban a cenar y después se salía de nuevo, al bar o a la vereda.”
Respecto a la época del Mercado comenta sobre la confianza: “muchos puesteros del Abasto, enrollaban el dinero en papel de diario y te lo daban para que lo guardaras detrás del mostrador. A veces se iban y venían a buscarla al otro día. La palabra valía…”

R.S.

Revista El Abasto, n° 39, octubre 2002.

Don Justo Riesco tomando mate

11 August 2010

Don Justo tomando mateJusto Riesco Fundador de “El Asturiano” hoy  “El Banderín

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